12 may 2007

Nuevas (y viejas) sensaciones

La única forma que conozco de combatir el miedo escénico es subiéndome al escenario. Me haría un estudio neurológico si fuera posible, porque cuando estoy frente a un público (da igual si son 5 o 5000), parece que la densidad del aire cambia: el aire pasa más espeso por la garganta, las cuerdas se vuelven más cortantes al tacto. Cuando soy consciente de lo que éstá pasando, todo ello es un combate físico, y cuando voy venciendo el miedo la violencia del esfuerzo convierte todo lo que hago en epiléptico. Me siento torpe y fuera de control, aunque tanto peligro tiene ese lado agradable que me acaba de descolocar.